Me atiendo
29 marzo, 2019
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De la relación especial a la relación santa

Un Curso De Milagros llama a la relación que proviene del ego: La relación especial. Y este especialismo se deriva de la primera relación que estableces en este mundo, la relación con quien crees ser, es decir con el personaje que interpretas; dotado de una personalidad, unos atributos, gustos, miedos, apegos, preocupaciones, necesidades, un cuerpo, títulos, inteligencia y opiniones, entre otros; todo esto por demás, muy especial.

Detente un instante y pregúntate: ¿Cuál es la relación que manejo conmigo mismo?

Y te darás cuenta que de esa relación especial se derivan todas las relaciones especiales: La que tienes con tu pareja, tus hijos, tus padres, tu perro, tu gato, e incluso con tu maquillaje, tu perfume especial que te identifica, tu cuerpo, tu cabello, tu forma de vestir y parecer especial, y también con aquél vestido que hace años no usas pero que prefieres guardar para cuando llegue la ocasión especial digna de usarlo.

A través de estas relaciones especiales se pone en evidencia tu relación con el mundo, con la vida, con Dios, con tu Ser real; y es por ello que en cada paso que das, cada vez que te relacionas, cada vez que algo te genera conflicto, estás ante el regalo más valioso que puedas experimentar aquí, estás frente a tu posibilidad de sanar, de tomar consciencia, de reconocer tu verdadera Identidad, y ésta, es tu única Voluntad.

Aunque pareciera que tienes muchos deseos en este mundo, el único propósito de tu experiencia aquí, realmente, es recordar quien Eres, para dejar ir todo lo falso y recuperar tu estado inmutable de perfecta felicidad.  Pues si hay algo claro en este mundo temporal, es que todo, absolutamente todo pasará, todo es vulnerable, frágil y termina, todo, incluso aquello que llamamos vida nos genera temor porque al depender de un cuerpo que se deteriora, se transforma en eso que llamamos muerte.

El objetivo de las relaciones es hacernos conscientes, no felices, dice el maestro Eckart Tolle en su libro El Poder Del Ahora. Cada relación nos muestra los significados falsos que le hemos asignado a cada persona, cosa y circunstancia, de manera que cualquier molestia hace que nos demos cuenta de los juicios que hacemos a cada instante y de la necesidad de observarlos sin miedo, para entregarlos y así limpiar los obstáculos que hemos levantado en contra de la experiencia del Amor incondicional, el único real.

Hemos creído que somos una personalidad con un conjunto de significados, conceptos, opiniones, juicios, cosas que nos hacen sentir diferentes y especiales.  Por ello cuando elegimos volver a la consciencia de Unidad, todo lo externo es un regalo para deshacer la identidad personal, pensada fabricada por el ego. Al reconocer que todo lo que experimentamos, sentimos e interpretamos proviene de nosotros mismos, jamás de los otros, tenemos la certeza de que no hay causa externa.

Todo nos habla de nosotros, este cuento sufí que nos ilustra sobre ello:

Un filósofo concertó una cita con un maestro de sabiduría sufí llamado Nasrudin.


Cuando el filósofo llegó a su cita y no encontró a Nasrudin en su casa, furioso, el filósofo tomó un trozo de tiza y escribió ESTÚPIDO ZOQUETE en la puerta de Nasrudin.


Cuando Nasrudin volvió a casa y vio lo de la puerta, corrió directo a la casa del filósofo, y dijo:
“Olvidé que me ibas a llamar y lo siento, me perdí nuestra cita. Pero me acordé en el momento que vi que tu habías escrito tu nombre en la puerta”


Ahora bien, creyendo que somos lo que creemos de nosotros, nos creímos vacíos, necesitados, heridos, frustrados y solos, y a partir de ello, buscamos en el dinero, la ropa, la pareja, los hijos, los amigos, la diversión, las drogas, el alcohol, entre otros; algo que nos de aquello de lo que creemos carecer. 

Así, por un tiempo, parece que lo obtenemos, mientras dura el enamoramiento, mientras los hijos hacen lo que queremos, mientras logramos lo que pretendemos, mientras ocupamos el cargo soñado, mientras somos los amos de nuestro pequeño mundo… Así duermo el dolor, que aunque no es real, necesita ser sentido para ser liberado, pero elegimos anestesiarnos una y otra vez, hasta que el dolor, aparentemente causado por algo externo, surge de nuevo, proyectando de nuevo la culpa inconsciente sobre el otro, o sobre la vida que no es más que Dios.

Podrías elegir entonces repetir una y otra vez las historias que te muestran lo no sanado, y decir como tantos en este mundo: “Es que soy de malas para el amor”, “Soy muy desgraciada, siempre me buscan hombres casados”, “Mi hijo es igual a mi padre, ¡que castigo!”, “Siempre me tocan jefes arrogantes, que karma”. Y así puedes continuar aferrándote a tu queja para que continúe vigente tu rol de víctima, pues algún regalo crees que te ha traído sostener ese personaje, tal vez atención, lástima, la compañía de tus amigos, las llamadas de tu madre o la complacencia de tu pareja…

Ahora bien, podrías tomar las riendas de tu vida ahora y recibir el regalo que te trae cada relación, aunque duela. Para ello debes estar dispuesto a sanar por encima de todos los argumentos que creas válidos para mantener la identidad que te hace sufrir.  Se requiere humildad para rendir todo lo que has creído, que es, para abrirte a no saber.

Ante el dolor, el miedo, la culpa, déjalo estar allí, no lo entretengas, no lo evadas, no lo lleves de luna de miel ni lo emborraches, no lo saques a bailar ni a pasear, permítete sentirlo profundamente, atentamente, sin juzgarlo, rechazarlo ni justificarlo, simplemente hazte cargo.  Esta meditación te acompañará en este proceso de sentir:

Cuando te haces responsable de tu sentir experimentas la verdadera felicidad porque comprendes que no viene de ningún otro lugar.

El ego te dirá que no sientas, que no puedes, e intentará de todas las formas posibles hacerte creer en que el otro te dará felicidad, amor, atención, comprensión, compañía.  Sin embargo, hasta que no experimentes todo ésto por ti mismo, nadie podrá ofrecértelo.

El amor no es apego, resignación, sumisión, miedo a perder, celos, control, manipulación, culpa ni sufrimiento.  El amor no exige sacrificio, así que puedes practicar el perdón (video el perdón a continuación) y aún así elegir terminar una relación en la forma.

Culpar al otro de tu dolor, o sentirte culpable por el suyo, es renunciar a la sanación. Ni tu dependes de él ni él de ti, no necesitas que se comporte diferente para amarle, ya eres el Amor, eres uno con él.

Para vivir una relación santa que no es más que una relación plena, sana; es indispensable que reconozcas que allí están todas las condiciones oportunas para acceder por tu cuenta a la verdad, esa que te hace libre, esa que te permite ser feliz sin necesitar de nada ni nadie.

La relación santa ocurre cuando somos conscientes de lo que representan: el medio, la práctica, nuestro sadhana espiritual para reconocer el Amor que somos.

Observa tus relaciones y pregúntate que percibes allí, que te hacen sentir.  Ellas pondrán en evidencia la relación que tienes con tu Ser real.  Si crees en un Dios que te juzga, te sentirás juzgado, si crees en un Dios que no te ama, te sentiras vacío;, si crees en un Dios limitado, sentirás insatisfacción; todo lo que piensas acerca de tu relación con Dios lo proyectarás una y otra vez en diferentes formas hasta que te hagas consciente del Dios Amor, del que es uno contigo y con toda la creación.

Cuando nos abrimos a experimentar las relaciones como esa oportunidad de oro para aprender, estaremos dispuestos a vernos con honestidad y con humildad, con disposición total de sanar por encima de cualquier circunstancia, con la certeza de nuestra capacidad incondicional de amar aunque el otro no cumpla nuestras expectativas.

Amar es saber que te amo y no deseo que cambies para amarte, soy yo quien debe retirar los velos que he fabricado para creer que no puedo amarte tal como eres, aquí y ahora.

Responsabilízate entonces de todo lo que ocurre, manifiesta tu voluntad radical de Amar o volver a lo Real, comprométete sin evadir tu función de perdonar, no justifiques el malestar y confía.  Esta meditación te ayudará a practicar el perdón siempre que sientas que se te presenta la oportunidad de sanar. (meditación relaciones)

Te abrazo en Amor.

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