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De la culpa a la inocencia

Vivimos bajo el esquema de la culpa, el ataque y la defensa, un esquema que nos genera un cansancio del que ni siquiera somos conscientes.  Para mi ha sido todo un descubrimiento observar mi adicción sin control a este programa tan doloroso que pareciera que tiene vida propia y nos atrapa en el conflicto interno y en el conflicto con los otros.

Este ejemplo seguro que pondrá en evidencia lo que quiero compartirte:


María siente culpa porque trabaja mucho y siente que desatiende a sus hijos, un día descansa un poco para estar con ellos y se siente culpable porque no está produciendo.  

Otro día su esposo la invita a salir y se siente culpable porque no llevaron a los niños con ellos, la siguiente vez, salen con los niños y siente culpa porque cree que su relación de pareja necesita espacio a solas.  

Si visita a sus padres el fin de semana, siente culpa porque no llevó a los niños al parque, pero si lleva a los niños al parque, siente culpa porque no visitó a sus padres.  Y pensar que solo anhelaba el fin de semana para quedarse descansando en casa, pero la culpa ha ocultado bajo sus sombras ese llamado de atención.

Cuando el dolor de tanta culpa acumulada es insoportable, inconscientemente María estalla y culpa a su jefe porque siente que le exige demasiado, también culpa a sus hijos porque la tienen cansada con su desorden y su comportamiento natural de niños, y a la vez culpa a su marido porque no se siente apoyada en la crianza de sus hijos.  Por otro lado, estalla con sus padres y les dice que está agotada y que no puede con todo, un rato después vuelve a sentirse culpable por haber expresado lo que sentía.  Así es la vida de María.

Es un bucle interminable, María intenta ser una buena profesional, madre, esposa e hija, anhela profundamente recordar su bondad esencial.  Rechaza el sentimiento de culpa que aparece cuando se juzga a sí misma como insuficiente, por ello, para liberarse de él, culpa a los que le rodean de todo su malestar.

La trampa del ego es que, al culpar a los otros, inevitablemente el bucle continúa y María no logra experimentar paz.  En su inconsciencia, pareciera que no hay más opciones, María no sabe que únicamente cuando recuerde su inocencia y la de los que le rodean podrá recuperar la paz que anhela.

Esencialmente somos absolutamente inocentes, aún cuando la personalidad que interpretamos nos haga creer lo contrario, al parecer no hemos borrado completamente el recuerdo de nuestra inocencia, pues cada paso que damos, aun sin saberlo, tiene como objetivo el reconocimiento de nuestra identidad real.  Solo que al no saber como hacerlo, buscamos culpables por doquier para evitar sentir con honestidad y absoluta responsabilidad esa culpa inconsciente almacenada que nos impide estar en paz.

Cada día elegimos adherirnos al sistema de pensamiento del miedo, en términos de Un curso de milagros, al ego, y esto lo hacemos de manera automática hasta que empezamos a darnos cuenta de que hay una alternativa que podemos elegir de manera consciente, una que nos permite experimentar la inocencia que equivocadamente buscábamos por caminos que, en lugar de sacarnos del laberinto de la culpa, nos hacían perdernos mas.

Si estamos aquí es porque aún elegimos esos caminos, aún creemos tener la razón en ocasiones, aún culpamos al otro o nos sentimos culpables frente a muchas circunstancias.  La tarea ahora es no quedarnos allí, es elegir de nuevo y buscar la salida hacia nuestra sanación, hacia la verdadera inocencia.

Esto solo es posible cuando con honestidad reconocemos que toda la culpa que percibimos fuera es la proyección de nuestra culpa inconsciente, y cuando nos abrimos a sentirla con total responsabilidad, sin justificaciones y con la certeza de saber que somos absolutamente inocentes. 

De esta manera, aún cuando aparezca la culpa, la reconoceremos como una nube que pasará y que jamás podrá robarle la identidad real al cielo azul que representa la total inocencia.

Reconozcamos que nadie nos hace nada, que nosotros elegimos sentirnos tristes o molestos porque nos da miedo sentirnos culpables, permitamos el sentir pleno, puro, con total responsabilidad, entregando al Maestro interno todas las ilusiones que hemos dado por ciertas, para recordar la única verdad: Eres inocente, soy inocente.

Hoy te regalo estos enfoques meditativos para que los utilices en este proceso de sanación.

"

Te amo, te veo, veo tu inocencia, te siento, no hay nada que pueda separarnos, aún cuando no nos encontremos en este sueño, sé que yo soy tú, sé que tú eres yo, y solo anhelo recordarte que el Amor que nos une es lo único real.”


María del Mar Facilitadora del Perdón

Te abrazo en Amor y Servicio,

María del Mar.

2 Comments

  1. Maria del Carmen Ugarte dice:

    bellisimas oraciones.Dan mucha paz y Luz

  2. catalina dice:

    gracias por compartir que Dios te bendiga

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